El problema no eres tú. El problema es lo que te han contado cuando has pedido ayuda.
Cuando una madre agotada pide ayuda, recibe una de estas dos respuestas.
La primera es que aguantes, que ya pasará. Y es verdad que acaban durmiendo, pero según un estudio hecho en
centros de salud de Madrid, casi cuatro de cada diez niños de cuatro años siguen necesitando a sus padres para dormirse.
Una habilidad que nadie siembra puede tardar años en aparecer sola, y esos años los pagas tú.
La segunda es la contraria: que le dejes llorar, que así aprende. Y aquí quiero ser muy clara, porque cuando dejas
llorar a un bebé sin acudir, lo que aprende es que nadie viene. Puede que acabe dormido,
pero ha perdido una seguridad.
Te han presentado esos dos caminos como si fueran los únicos posibles. Y nadie te ha hablado del tercero.